mércores, 28 de outubro de 2026

ENTREVISTA A MARÍA ELISA GONZÁLEZ-MORO

 

María Elisa González-Moro Zincke,  (A Coruña, 1947), es maestra, licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Santiago de Compostela y doctora en Geografía por la Universidad de Salamanca.

Su actividad profesional ha estado centrada en la docencia y la investigación.

Ejerció de maestra en la escuela de A Pena Grande, parroquia de Grixalba (A Coruña) y fue profesora en las Escuelas Universitarias de Magisterio de A Coruña y Zamora. En esta última como profesora titular de Didáctica de las Ciencias Sociales (Universidad de Salamanca).

Ha publicado varios libros y numerosos artículos en diferentes revistas, sobre temas de su especialidad. En esta ocasión, la traigo a mi blog por su última publicación: Dos familias burguesas en A Coruña del siglo XIX.




— ¿Qué la llevó a interesarse por la historia social y urbana de A Coruña en el siglo XIX y en concreto por las familias Cervigón y Carreras-Presas frente a otras sagas burguesas coruñesas de la época?

  En un principio pensaba realizar simplemente un escrito sobre las familias Cervigón y Carreras-Presas por ser antepasados míos (mi padre todavía conservaba el apellido Cervigón) y porque en mi casa había numerosos documentos familiares y fotografías del siglo XIX. Sin embargo, fue Mariola Suárez Rodríguez, directora del Archivo Municipal de A Coruña, la que me animó a realizar una investigación formal.

Me interesaba al mismo tiempo describir el contexto histórico en el que vivieron mis predecesores, lo que me llevó a incluir datos sobre la ciudad de A Coruña y otras familias burguesas de la época.

—En su libro Dos familias burguesas en A Coruña del siglo XIX, ¿cómo fue el proceso de documentación?, ¿qué tipo de fuentes y archivos consultó?

 La mayor parte de los datos recogidos durante varios años procedieron del Archivo Municipal de A Coruña,  archivo con una documentación abundante e importantísima para el estudio de la vida de la ciudad, y del Archivo del Colegio Notarial, completados con los del Archivo del Reino de Galicia y del Archivo Histórico Diocesano de Santiago de Compostela.

 Las fuentes fueron numerosas y muy variadas, ya que los temas tratados así lo exigían. Hacen referencia a temas demográficos (registros de nacimientos, matrimonios y defunciones, padrones de habitantes, entierros…) urbanísticos y de tipo económico, actas, protocolos notariales, postales, etc.

—¿Se encontró con dificultades, dudas o problemas con los retratos, fotografías y objetos personales de las familias que aparecen en el libro?

 El mayor problema fue la identificación de los retratos de gabinete de los años 60 del siglo XIX incluidos en dos álbumes de la época, porque, aunque alguien les había puesto nombre, en general claramente cierto, alguno era erróneo, pues no coincidía con la edad del retratado.



— Los Cervigón se dedicaban a la madera y los Carreras-Presas a la salazón de la sardina, ¿qué papel jugó cada sector en el desarrollo económico de la ciudad?

Ambas actividades eran necesarias para el abastecimiento de productos en la ciudad y contaban con una serie de operarios, pero al mismo tiempo no eran las únicas desarrolladas por las familias mencionadas. Su actividad estaba diversificada y todo ello contribuía a la creación de empleo, muy necesario en la época.

—¿Qué nos dicen sus modos de vida y costumbres sobre la sociedad coruñesa de la época más allá de lo puramente económico?

 El modo de vida y costumbres de la burguesía coruñesa del siglo XIX era muy semejante en todos los que la integraban. Pretendían en algunos aspectos imitar a la nobleza, sin embargo su forma de pensar era distinta. No estaban anclados en el pasado, eran progresistas y tenían una mente abierta a todas las innovaciones, viajaban por Europa, eran emprendedores y buscaban el bienestar de la ciudad. Desde el punto de vista político defendían el liberalismo.

 

Acudían a actos sociales elegantemente vestidos y lucían alguna joya; en sus viviendas, los muebles eran de diferentes tipos y en determinados casos de caoba; poseían relojes de pie y de pared, grandes espejos de marcos dorados o de caoba, objetos de adorno de sobremesa, como figuritas de porcelana y fanales con ramilletes de flores en su interior e incluso pájaros disecados; alfombras, cortinajes, colgaduras para las ventanas y galerías, candeleros, arañas, etc. Los más pudientes tenían un piano en el salón, cuya música amenizaba las veladas celebradas en la vivienda. No faltaban una cubertería de plata con las iniciales del cabeza de familia, vajillas, en algún caso importadas, juegos de café de porcelana, chocolateras, jícaras (taza pequeña para el chocolate) y mancerinas (plato para la jícara), cristalería, etc.

 A la mujer se le educaba para ser una buena esposa, madre y saber dirigir la casa. Los trabajos domésticos estaban a cargo de criadas.

 La vestimenta fue evolucionando en el transcurso del siglo XIX y hacia mediados las mujeres comenzaron a utilizar el miriñaque por influencia francesa, lo que daba gran ampulosidad a los vestidos, que se adornaban con flecos, volantes y guarniciones. También se fue incorporando la sombrilla. Los hombres cuando acudían a reuniones sociales utilizaban fracs, levitas y capas. Llevaban chistera y bastón y no faltaba el reloj de bolsillo de oro o plata con su leontina. Como se preocupaban por elevar su nivel cultural fueron formando una biblioteca en su casa, que en algunos casos estaba integrada por numerosos títulos y volúmenes.

—El libro incluye planos de los arquitectos José María Noya y Faustino Domínguez, ¿qué importancia tiene este material para entender el urbanismo coruñés?

 Es una pequeña contribución a la historia urbanística coruñesa porque en los planos se refleja el tipo de arquitectura existente en su época y la ubicación de los edificios.

—¿Qué ha sido de esos edificios?, ¿Cómo se puede rastrear su evolución posterior?

  Algunos edificios han desaparecido por completo, siendo sustituidos por nuevas construcciones como, por ejemplo, las casas-rancho de la calle Tabares y otros han permanecido hasta la actualidad, sometidos a una serie de reformas, restauraciones o reedificación, como los de la calle Real.

 La evolución de los edificios se puede conocer por medio de los planos existentes en el Archivo Municipal de A Coruña, porque cuando se hacía alguna reforma de las fachadas, se quería dotar de más altura al edificio o cualquier obra que lo afectase siempre había que presentar previamente en el Ayuntamiento el plano. Las escrituras de compraventa y las partijas hereditarias también informan sobre la historia de los edificios.

—¿En qué medida el crecimiento de las familias burguesas transformó físicamente la ciudad más allá de la esfera social y cultural?

 Las viviendas fueron transformadas paulatinamente según los burgueses iban  adquiriendo mayor poder adquisitivo. Así, a las casas, tradicionalmente de poca altura, se les fueron añadiendo pisos compuestos por galerías, llegando a ser el prototipo de una casa: planta baja, primer piso con balcones, los siguientes con galerías y rematado el conjunto por una buhardilla. Ello les daba a las calles un aspecto acristalado. A Coruña por sus galerías se le llamó “La ciudad de cristal”.

 Al ir la ciudad creciendo en población y progresando, en la segunda mitad del siglo XIX se produjo una importante transformación urbana con el derribo de las murallas, apertura de nuevas calles y plazas, eliminación del arenal costero existente frente a las casas del Cantón Pequeño a la Marina, diseño de nuevos muelles, entre ellos el llamado Muelle de Hierro, y creación del paseo de Méndez Núñez (actuales jardines de Méndez Núñez) en los terrenos ganados al mar.

—¿Qué cambios poblacionales y sociales destacaría como más significativos en la segunda mitad del siglo XIX?

 Se produjo un crecimiento del número de habitantes de la ciudad, el refinamiento y la cultura de la clase burguesa fue en aumento, se acrecentaron y mejoraron los servicios públicos, por ejemplo, se creó la fábrica de gas, que permitió sustituir los faroles de aceite por los de gas en el alumbrado público; se construyó el lavadero público del Caramanchón para eliminar los que había en las calles céntricas; se amplió la traída de aguas potables con las del lugar de Vioño y otros manantiales que habían sido descubiertos y se construyeron nuevas fuentes públicas; se planificó un nuevo alcantarillado, más extenso, por Juan de Ciórraga, debido al relleno de zonas ocupadas anteriormente por el mar; se inauguró en 1883 la línea férrea que enlazaba A Coruña con Madrid, corriendo a cargo dicha inauguración por Alfonso XII y su esposa María Cristina, etc.

—¿Hay algún hallazgo o documento que le sorprendiera especialmente  durante la investigación?

 Me impresionó particularmente el expediente sobre el cólera morbo que afectó a la ciudad en 1854, existente en el Archivo Municipal de A Coruña.

—¿Cómo interactuaban las familias burguesas con el resto de la sociedad de la época?

 Era una clase social prácticamente cerrada. Los matrimonios se celebraban entre las familias que la integraban.

—¿Qué papel tuvieron otros burgueses de la ciudad aunque no sean protagonistas del libro en los cambios urbanísticos y culturales?

 Todos ellos contribuyeron con sus actividades y sus ideas al progreso de la ciudad. Siempre estaban dispuestos a colaborar con su capital (que a veces no fue recuperado) en el desarrollo y elevación del nivel de vida, según su capacidad económica y su generosidad.

 Entre las obras que promovieron se pueden citar la construcción y restauración (después del incendio) del Teatro Principal, hoy Rosalía Castro; la construcción del lazareto de Oza, que proporcionaba ventajas para el comercio marítimo; la realización de la vía férrea que enlazaba A Coruña con Madrid y apoyaron la realización de un estudio sobre el trazado de una línea A Coruña-Valladolid; crearon el Banco de La Coruña y la Sociedad de Seguros Mutuos contra Incendios, en una época en que los incendios eran frecuentes en la ciudad debido a los materiales empleados en las viviendas; participaban en diferentes obras de beneficencia y en costear los festejos celebrados en la ciudad por diferentes motivos; participaron en la fundación y en las actividades de la Sociedad Recreativa e Instructiva de Artesanos, etc.

 Es de destacar la labor llevada a cabo por Modesta Goicouría  y sus dos maridos, Juan Menéndez y Eusebio da Guarda. Tenían un poder económico muy elevado y al mismo tiempo fueron muy generosos. A Modesta y Eusebio se deben la construcción de la capilla de San Andrés y el Instituto de Segunda Enseñanza. A la muerte de Modesta, Eusebio continuó con la edificación de las Escuelas da Guarda.

—¿Qué espera que el lector se lleve de este libro aparte del conocimiento histórico puntual?

 Una visión clara del contexto histórico coruñés en el que desarrollaron su vida los comerciantes y empresarios, pues son numerosas y variadas las referencias a situaciones vividas por los coruñeses de la época, y al mismo tiempo informa detalladamente de las costumbres propias de la burguesía, incluidas las de las familias Cervigón y Carreras-Presas, todo ello basado en las fuentes utilizadas, que por su disparidad y número podrán ser una referencia para trabajos futuros.

 Al ir el texto acompañado de fotografías y tratar temas diferentes espero que el libro proporcione al lector, además de información, distracción.

—¿Cree que la memoria de la burguesía coruñesa del siglo XIX está suficientemente reconocida hoy en la ciudad?

 María Consuelo Bobillo Mariño con su libro La Coruña bajo el reinado de Fernando VII. La burguesía comercial (2009)  ya puso de relieve la importancia de dicha clase social para el desarrollo de la ciudad y fue un inestimable referente para estudios posteriores. Últimamente, con la finalidad de destacar la labor de determinadas familias burguesas, se están publicando algunos artículos en la revista Cornide con los que se intenta que los lectores conozcan con más detalle sus actividades y valía.

—En sus libros publicados La zamorana Tierra de Alba (1752-1985) y Manzanal del Barco y el sino del Esla la investigación se centró en  zonas rurales, ¿qué la llevó a investigar sobre temas rurales zamoranos?




 Después de los primeros pasos en un estudio histórico-artístico sobre la Colegiata de A Coruña (tesis de licenciatura) me di cuenta de que me apasionaba la investigación y aunque en 1978 fijé mi residencia en Zamora por motivos familiares, el deseo de continuar investigando me llevó a  realizar la tesis doctoral sobre la comarca de Tierra de Alba y el libro de Manzanal porque unos amigos zamoranos me incitaron a llevar a cabo el estudio sobre dicho municipio, colaborando ellos conmigo en algunos aspectos.

 —Y el libro La parroquia de Grixalba (A Coruña). Población y modos de vida, ¿qué la llevó a centrarse en esa parroquia coruñesa?

  Fue el sacerdote José Antonio López Castro, autor de varios libros, el que aconsejó a la periodista Áurea Sánchez y a mí a escribir algo sobre la historia de la parroquia. Yo en parte (es una parroquia muy extensa) conocía la parroquia, porque había estado dos cursos de maestra en la escuela de A Pena Grande, perteneciente a la parroquia. El estudio se fue ampliando y no solo se tuvieron en cuenta aspectos históricos, sino también físicos, humanos, económicos y costumbristas con lo cual el libro da una visión muy completa sobre Grixalba.





—Al pasar de un estudio sobre zonas rurales al de la burguesía de la ciudad de A Coruña, ¿cómo ha evolucionado su mirada como investigadora?, ¿qué diferencias y continuidad encuentra?

Esta última investigación al ser completamente diferente me resultó complicada pero muy enriquecedora.

 Las fuentes utilizadas fueron muy dispares y el texto de este último libro difiere enormemente de los anteriores, al estudiar dos ámbitos y clases sociales distintos. Varían totalmente el espacio físico en que se asienta la población, el tipo de vivienda y su ajuar, la vestimenta, cultura, costumbres y actividades económicas de sus moradores.

 Una costumbre en la que coincidía la clase burguesa coruñesa con la población rural era su asistencia a la misa dominical, que al mismo tiempo permitía a los vecinos intercambiar opiniones y novedades a la salida y relacionarse entre sí.

 En mis libros no falta nunca un estudio demográfico propio de la zona investigada (evolución de la población, movimiento natural y movimientos migratorios) que en el último, por sus características, se centra en el registro de nacimientos, matrimonios y defunciones de las dos familias, completado con un árbol genealógico.

—¿Hay algún hilo conductor entre sus libros aunque traten espacios y clases sociales distintas?

  La metodología empleada.

—¿Qué aprendió de sus trabajos anteriores que le resultó útil al abordar la última investigación?

 Principalmente la forma de recoger, estructurar y catalogar las fuentes de los diferentes archivos.

—¿Tiene  ya en mente un próximo proyecto de investigación o publicación?

 Me interesaría investigar sobre los Zincke, pero cuento con grandes dificultades por la escasez de datos conservados en mi poder y por ser una familia procedente de Austria.

 

sábado, 19 de setembro de 2026

AUTOENTREVISTA A ÁUREA SÁNCHEZ





 SOBRE O SEU LIBRO POEMAS DESENCADENADOS







—Después de haber publicado narrativa y de haber recorrido distintos caminos en la escritura, ¿Qué necesidad personal o literaria lee llevó a publicar Poemas desencadenados?

         ¿Qué quería expresar con este libro que quizá no podía decirse desde la novela.

—Había una necesidad personal y también una literaria.

La necesidad personal nace de la propia naturaleza de la poesía. Hay sentimientos y emociones que me han acompañado durante años y que no podían expresarse de la misma manera en una novela. La poesía me permitió decirlos con una intensidad y una libertad que otro género no me ofrecía.

La necesidad literaria tiene que ver con mi compromiso como escritora. Cuando una escribe, también escribe para compartir. Publicar un libro es una forma de poner esa mirada a disposición de los lectores y de establecer un diálogo con ellos. Me interesa que quienes se acerquen a mis poemas conozcan mi manera de sentir y de interpretar determinadas vivencias, porque la literatura  cobra pleno sentido cuando encuentra a alguien al otro lado dispuesto a leerla e interpretarla desde su propia experiencia.

—Habla de sentimientos y emociones guardadas durante años. ¿Poemas desencadenados es el resultado de un momento concreto de su vida o es un libro que fue creciendo lentamente, a medida que esas experiencias se  iban sedimentando en mi memoria?

—Poemas desencadenados reúne versos escritos a lo largo de aproximadamente veinticinco años. Algunos son recientes, pero otros llevaban años guardados en una libreta donde fui escribiéndolos por etapas.

Cada poema nació en un momento distinto de mi vida: unas veces impulsado por la inspiración; otras por la necesidad de dar forma a preguntas para las que entonces no encontraba respuesta. Unos nacieron del presente de aquel momento; otros, de experiencias que seguían vivas en la memoria.

Con el tiempo comprendí que, aunque habían sido escritos en épocas diferentes, todos compartían un mismo hilo emocional. Fue entonces cuando entendí que debían reunirse en un solo libro.

—Aunque los poemas hablan de emociones muy profundas, rara vez lo hacen de forma directa. En ellos aparecen caminos, sombras, una iglesia, una camisa, el mar… Objetos y lugares que terminan convirtiéndose en símbolos. ¿Es una forma consciente de escribir o esos símbolos nacen de manera espontánea mientras componía el poema?

—Si, estos objetos y esos lugares tienen un valor simbólico y están relacionados con el mensaje de cada poema. No suelen aparecer porque sí; forman parte de la manera en que entiendo la poesía.

El origen de un poema, sin embargo, puede ser muy distinto en cada ocasión. A veces nace de un detalle que observo y que despierta una idea. Otras veces es una música que estoy escuchando, una palabra que regresa a mi memoria o incluso un dicho popular o una reflexión de carácter científico que me lleva a desarrollar una aproximación tangencial al tema principal.

Muchos de los poemas de Poemas desencadenados surgieron del dolor y de la incomprensión que me han acompañado durante distintos momentos de mi vida.

Quizá por eso recurro a símbolos, imágenes y lugares: porque, en ocasiones, un camino, una sombra o una camisa pueden decir mucho más que una explicación directa.

—Cuando un lector cierra Poemas desencadenados, ¿qué le gustaría que permaneciera en él: una emoción, una reflexión, un recuerdo, una pregunta… o simplemente la compañía de unos versos?

—Me gustaría que, al cerrar Poemas desencadenados, el lector se llevara consigo algo de todo eso. Que se emocionara, que encontrara un motivo para la reflexión, que algún poema despertara un recuerdo que permanecía dormido o que alguna imagen le hiciera formularse nuevas preguntas.

Pero sobre todo, me gustaría que sintiera que no ha estado solo durante la lectura. Si alguno de estos poemas consigue acompañar a un lector o lectora en un momento de su vida, aunque solo sea por unos instantes, sentiré que el libro ha cumplido su propósito.

—En Poemas desencadenados conviven el amor, la pérdida, la memoria, el paso del tiempo y la esperanza. Si tuviera que elegir un hilo invisible que une todos los poemas, ¿Cuál diría que es?

—Creo que ese hilo invisible es la comprensión.

Y lo digo porque, para mí, es el concepto más cercano al amor. Comprender no significa justificarlo todo, sino intentar mirar más allá de las apariencias, del fracaso, de las pérdidas o de los reveses de la vida.

A lo largo de estos poemas he intentado encontrar un punto de apoyo en algo que considero firme y verdadero: la capacidad de comprender lo que nos rodea y también aquello que nos afecta de la forma más íntima. Creo que solo desde esa comprensión es posible transformar el dolor en palabras y compartirlo con los demás.

—La poesía suele asociarse a la inspiración, pero detrás de un poema también hay trabajo, revisión y búsqueda de la palabra justa. ¿Cómo es su proceso de escritura? ¿Confía en el primer impulso o vuelve muchas veces sobre el poema hasta encontrar su forma definitiva?

 

—Yo creo que hay momentos de inspiración difíciles de explicar. Si ese instante llega y tengo una libreta a mano, es muy probable que el poema nazca casi completo.

Otras veces, todo empieza con una sola palabra. Esa palabra me conduce a otra; la siguiente despierta una imagen o una idea bien definida y, poco a poco, el poema se va escribiendo casi por sí mismo.

No soy muy partidaria de revisar en exceso. A veces tengo la sensación de que, al intentar perfeccionar un poema, puedo estropear la emoción con la que nació. Sin embargo, la experiencia también me ha enseñado que la revisión y la reescritura pueden ser una parte importante del proceso creativo. Esa experiencia me ha hecho comprender el valor del trabajo de depuración, especialmente cuando se escribe en verso libre, donde cada palabra y cada silencio tienen su importancia.

—Si un lector tuviera Poemas desencadenados entre las manos y usted pudiera decirle una sola frase antes de que comenzara a leerlo, ¿qué le diría?

—Descúbrelo por ti mismo. No te dejes llevar por lo que otros digan. Entra en Poemas desencadenados con tu propia mirada y permite que cada poema encuentre su lugar en ti.

Poemas desencadenados | Áurea Sánchez | Aliar Ediciones

POEMAS DESENCADENADOS  (blog do libro)




xoves, 27 de agosto de 2026

ENTREVISTA A ALEJANDRA FERNÁNDEZ

 Alejandra Fernández es periodista, investigadora y escritora. Vive en Necochea (Argentina), a donde emigró su abuelo Manuel Fernández desde una aldea de Galicia.

Nos habla de su primer libro Terruños, que trata de genealogía y de una historia familiar que se esconde detrás del fenómeno de la emigración.

Le pregunto por el origen de la investigación, la búsqueda, el viaje a Galicia, el libro, la escritura, la 2ª edición, lo que queda después de la investigación... y más.

 


—El origen de la investigación. ¿En qué momento nació la necesidad de investigar quién había sido realmente el abuelo Manuel Fernández y cuáles eran sus orígenes.

—Siempre me interesó la historia familiar, prestaba atención a los relatos de mi madre y, juntas solíamos revisar antiguos álbumes de fotografías. Pero, tras el fallecimiento de mi padre en 1996, sentí la necesidad de conocer más sobre los orígenes de su familia, en particular de su papá español que falleciera en 1948 y del que teníamos poca información.

 

—Dices que en la familia se sabía muy poco de él y que desconocían incluso el lugar exacto de su nacimiento. ¿Qué fue lo primero que encontraste y qué te hizo pensar que aquella investigación podría llevarte mucho más lejos de lo que imaginabas?

—Así es, lo único que sabíamos era que había nacido el 28 de mayo de 1884 en La Coruña, pero desconocíamos el lugar exacto. Además, mi padre contaba que el abuelo había luchado en la Guerra de Africa y había recibido una medalla por su actuación. Eso era todo lo que conocía de su vida en España.

Lo primero que logré ubicar fue su legajo militar y fue un verdadero hallazgo: conocí el lugar exacto de nacimiento, los nombres de sus padres, hasta su altura y color de ojos.

Nunca supe hasta dónde podía llegar, pero a cada paso me sentía más motivada y aumentaba el deseo de conocer su tierra natal.

 

—Hubo algún momento durante esos años de investigación en el que pensaste que no conseguirías encontrar a la familia gallega de tu abuelo?

—En varias ocasiones me ganó el desaliento porque era bastante improbable que, luego de casi cien años de silencio y ausencia, pudiera encontrar familiares de Manuel, tampoco sabía cuántos hermanos había tenido. Solo sabía que uno de ellos, Jesús, había partido a Cuba y otro, Ramón, había emigrado a la Argentina. Con los descendientes de este último teníamos contacto, pero tampoco sabían nada de su historia. Al parecer el dolor los hizo guardar silencio.

 

—En cuanto a la investigación, empezaste con muy pocos datos y terminaste reconstruyendo una parte importante de la historia de tu familia. ¿Qué herramientas o fuentes de información fueron fundamentales para avanzar en esa búsqueda?

—En primera instancia traté de reconstruir su vida en la Argentina: acta de casamiento, nacimientos de sus hijos y su defunción. Tampoco pude determinar la fecha en que llegó al país por lo que decidí avanzar con el árbol en FamilySearch. Otra herramienta fundamental fueron los grupos de genealogía en Facebook.

 

—¿Qué fue más difícil: encontrar documentos y datos o conseguir reconstruir, a partir de ellos, la historia humana que había detrás?

—Como vivo a miles de kilómetros me resultó bastante difícil conseguir documentos porque no todo está en línea. En esos grupos encontré personas que me orientaron en la búsqueda y uno de ellos, Ignacio Espiño, me puso en contacto con descendientes de la familia Fernández Espiñeira. Con el primero que hablé fue con Manolo Cotos, un primo segundo, y a través de él conocí a Áurea Sánchez que me hizo llegar su libro La Parroquia de Grixalba (A Coruña). Población y modos de vida, y con ella mantengo una linda relación de amistad. Gracias a cada uno de ellos pude comenzar la reconstrucción del grupo familiar de mi abuelo.

  

—Cuando finalmente pudiste poner nombre y rostro a personas que hasta entonces eran prácticamente desconocidas para tu familia, ¿qué sentiste?

—Me sentí inmensamente feliz y agradecida, y cada vez más segura de que estaba en el camino correcto. Ponerle nombre y apellido a mis antepasados y ubicarlos en ese gran árbol genealógico también me permitió saber que todos somos importantes en ese entramado. Y al fin estaba conociendo mis raíces.

 

 —Galicia y el encuentro. Tu investigación genealógica terminó llevándote físicamente a Galicia. ¿Cómo imaginabas la aldea de tu abuelo antes de conocerla y qué sentiste cuando finalmente viste la casa donde había nacido?

—Llegar a su aldea, que es Sante, en la parroquia de Grixalba (A Coruña), fue un sueño cumplido y la manera que encontré de honrar su memoria. Me emocioné mucho al ver las ruinas de la casa donde nació, y saber que entre esas gruesas paredes de piedra habitó mi familia. Antes de viajar había recorrido esas pistas con Google Maps, pero nada se compara con pisar su tierra natal.


—¿Qué  significó para ti caminar por los mismos lugares que había recorrido Manuel Fernández tantos años atrás?

—Sentí que estaba cerrando una larga historia de ausencias y silencio. Sufrieron los que se fueron y también los que quedaron. Durante mi estadía hice largas caminatas por las aldeas cercanas y estuve alojada en  A Pena Grande, donde se ubica la iglesia parroquial y donde fue bautizado mi abuelo. Siempre me sentí como en casa.

 

—¿Fuiste recibida por los descendientes de la familia Fernández Espiñeira. ¿Cómo te recibieron los descendientes, esas personas que, hasta entonces, formaban parte de una historia familiar desconocida para ti?

—Antes de viajar establecí contacto con dos de mis primos segundos y me estaban esperando. Desde el primer momento me hicieron parte de la familia, mostraron interés por conocer mi historia y me ayudaron a seguir haciendo crecer nuestro árbol genealógico, ahora con datos más precisos, contados por los protagonistas.

 

—¿Sentiste que estabas recuperando solamente una historia familiar o que, de alguna manera, estabas recuperando también una parte de ti misma?

—Al reconstruir la historia familiar y ubicarme en ese nuevo universo sentí que la morriña del abuelo se diluía, sanando heridas del pasado. Me reconozco en cada uno de ellos y agradezco ser parte.

 



—Terruños. Este libro no es solo un relato genealógico: contiene fotografías, documentos, infografías, relatos, poemas y notas personales ¿Por qué decidiste construir el libro de esta manera tan visual y diversa?

—La idea original fue hacer un libro artesanal, un legado para mis hijos, pero la investigación fue tan gratificante que quise compartir mi experiencia y motivar a otros a buscar sus orígenes. Me pareció que la inclusión de fotos e infografías hacen más sencilla su lectura y atraen al lector. Además, incorporé relatos y poemas escritos años antes en los que hacía referencia a la inmigración, la guerra y la familia. 

 

—Lo defines como un «cuaderno de notas», ¿qué te aportaba esa forma de contar la historia frente a una narración más convencional?

—Lo plantee como un cuaderno de notas porque me pareció que así se logra un tono más cercano con el lector, como si se lo contara con un café de por medio.

—¿En qué momento comprendiste que aquella investigación podía convertirse en un libro y no quedarse simplemente como un archivo familiar?

—Cuando el árbol comenzó a crecer pensé que si contaba mi experiencia, el paso a paso de mi recorrido, podría aportar un granito de arena a aquellas personas que buscan a sus antepasados y que no tienen mucha información.

 

—La segunda edición. La primera edición fue publicada en 2021 y en septiembre de 2025 apareció una versión ampliada. ¿Qué había quedado fuera de la primera edición que necesitabas contar?

—En la primera edición traté de plasmar el recorrido hasta llegar a determinar los orígenes gallegos de mi abuelo. Con la versión ampliada quise darle un cierre a este proyecto. En este caso relato mi viaje a Galicia, el encuentro con mi familia, los lugares que visité y la gente que tuve el gusto de conocer.

 



—La segunda edición incorpora las vivencias de tu viaje de 2021. ¿Cambió tu manera de entender la historia de tu abuelo después de haber estado físicamente en Galicia?

—Aquel viaje cambió definitivamente mi forma de ver la vida. No conocía nada de la vida del abuelo y regresé sabiendo cómo se vivía en la Galicia rural, las costumbres de su gente, sus necesidades. Todo eso me permitió vislumbrar lo que habrá significado para él abandonar su aldea para venir a esta tierra lejana y desconocida. 

 

—Inmigración y memoria. El subtítulo del libro es Los puentes de la inmigración. ¿Qué puentes has descubierto tú a través de esta investigación: familiares, geográficos, culturales, emocionales…?

—Cuando una comienza a armar el árbol va construyendo puentes y reconstruyendo lazos. Se recuperan vínculos familiares y los límites geográficos tienden a desaparecer y hoy siento que el mar nos une. Regresé a casa emocionalmente fortalecida, también trato de cuidar y sostener los vínculos que creé con la gente de Galicia.

—Tu historia parte de un inmigrante gallego que se instaló en Argentina y termina con sus descendientes regresando, décadas después, a Galicia. ¿Crees que la genealogía puede convertirse también en una forma de reconstruir la memoria de la inmigración?

—Entiendo que es uno de los caminos más genuinos para reconstruir la memoria de los miles de inmigrantes que se vieron impelidos a dejar su tierra y perdieron contacto con los suyos.

No todas son historias felices, la de mi abuelo siento que no la fue. Y todas esas pequeñas biografías hacen la historia.

 

—¿Qué crees que buscan realmente las personas cuando investigan sus raíces: conocer el pasado o comprender mejor quiénes son en el presente?

—Creo que se comienza a investigar para conocer cómo vivieron y quiénes eran nuestros antepasados, pero ese conocimiento nos transforma y aprendemos a aceptar los hechos del pasado sin juzgar.

 

—La escritora detrás de la genealogista. Antes de Terruños ya habías publicado poesía y participado en antologías. ¿Qué tuvo de diferente escribir un libro nacido de una investigación familiar?

—La poesía fue un camino de aprendizaje, aunque siempre tuve más inclinación por la narrativa. Hasta que emergió mi rol de investigadora-genealogista y con Terruños pude contar una historia personal que necesitaba compartir.

 

—En Terruños aparecen también poemas. ¿Qué puede decir la poesía sobre una historia familiar que quizá no puede decir un documento genealógico?

—Un poema es capaz de transmitir o condensar muchas emociones, en sus versos se pueden volcar los sentimientos que genera un documento civil o eclesiástico que sólo es un dato frío.

 

—Durante la pandemia coordinaste un grupo de escritura colectiva y de aquella experiencia nacieron «enlazados y abrazados». ¿Qué lugar ocupa la escritura compartida en tu trayectoria?

—Ese fue una herramienta para mantenernos unidos en medio de la incertidumbre por el Covid-19. Fue mi primera y única experiencia de escritura compartida. Actualmente trabajo junto a un grupo de escritores, organizando actividades culturo-literarias y asisto a talleres de escritura.

 

—Dices que con Terruños has podido dejar un legado a tus hijos y tus nietos. Si dentro de muchos años uno de ellos vuelve a abrir el libro para conocer a Manuel Fernández, ¿qué te gustaría que encontrara entre sus páginas?

—Cuando alguno de ellos recorra las páginas de Terruños descubrirá quiénes fueron sus antepasados y conocerá que la familia de mi abuelo no tuvo escudo de armas ni castillo, pero nos dejó la herencia de su sangre con valores que aún se conservan.

 

—Empezaste buscando a un abuelo del que apenas conocías sus orígenes y terminaste encontrando una gran familia gallega que te recibió con los brazos abiertos. ¿En qué momento sentiste que ya no estabas solamente investigando el pasado de Manuel, sino construyendo una nueva historia familiar?

—Cuando me abrazaron sentí que estábamos recuperando un vínculo que se había interrumpido vaya a saber por qué motivos, ahora está en nuestras manos sostenerlo y hacerlo crecer.

 

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xoves, 23 de xullo de 2026

DESTINO…CANCÚN: UNA CONVERSACIÓN CON SU AUTORA

Excepcionalmente esta autoentrevista se publica en castellano porque el libro del que hablamos está escrito en esta lengua. 


Edición en papel,  Meubook, 2013


Cuando un libro llega a los lectores, comienza una nueva etapa. La historia deja de pertenecer por completo a quien la escribió y empieza a ser interpretada desde miradas muy distintas. Sin embargo, siempre quedan preguntas sobre el origen de los personajes, las decisiones narrativas o los temas que laten bajo la superficie del relato.

Con esta autoentrevista quiero acercarme a Destino…Cancún desde la doble perspectiva de autora y lectora de mi propia obra.

No se trata de desvelar los secretos de la novela, sino de compartir algunas de las claves que guiaron su escritura: cómo nació la historia, quiénes son sus personajes, cuáles son los temas que la recorren y qué esperaba encontrar mientras la escribía.

Estas seis preguntas recogen ese recorrido. Son una invitación a entrar en la novela desde el diálogo, con la esperanza de que quien aún no la haya leído sienta curiosidad por hacerlo y que quien ya la conozca descubra algunos aspectos que permanecen entre líneas.


1.    ¿Cómo nació Destino…Cancún?

Nació de una investigación sobre un caso real de desaparición en la que trabajé durante años.

Mi intención inicial era escribir un reportaje periodístico, pero el tiempo fue alejando los hechos y comprendí que el periodismo ya no me permitía contar todo lo que aquella historia significaba.

Así nació la novela. No para resolver un caso ni para reconstruir unos hechos con exactitud documental, sino para explorar las emociones, las dudas, la memoria y las consecuencias que una desaparición deja en la vida de quienes la sufren. La ficción me permitió acercarme a una verdad que el periodismo por sí solo ya no podía reflejar.


   ¿Quién nos guía a través de la historia?

El relato nos llega a través de Amanda, una joven de dieciocho años que narra los acontecimientos en primera persona.

Al comienzo de la novela vive protegida por su madre, pero también siente que ya no encaja en la nueva vida que esta ha construido tras la separación.

Al cumplir los dieciocho años decide tomar las riendas de su propia vida. Mientras su madre intenta dejar atrás el pasado, ella decide hacer justo lo contrario: recuperar la memoria de su padre y descubrir que fue realmente lo que le ha ocurrido.

La madre quiere olvidar y la hija quiere recordar. Esa oposición no es solo un conflicto entre dos personas, es el conflicto entre dos formas de afrontar el dolor. Una sobrevive olvidando, la otra, solo puede avanzar intentando comprender.

Amanda no es una heroína convencional. Su fuerza no reside en hacer cosas extraordinarias, sino en atreverse a formular las preguntas que nadie quiere hacerse y recorrer un camino de búsqueda que acabará transformándola.


3.    ¿En qué momento supo que aquella historia debía convertirse en una novela?

 Los hechos llegaron hasta mí a través de personas de mi entorno, vinculadas también al entorno del desaparecido.

Durante años entrevisté a quienes podían aportar información y recorrí distintos lugares intentando reconstruir lo sucedido.

Fui guardando aquellas conversaciones porque intuía que algún día podían ser importantes.

Cuando la investigación llevaba ya un largo recorrido, alguien me dijo: «haz algo con esta historia». Aquellas palabras no hicieron más que confirmar lo que yo ya intuía: había un relato que merecía la pena ser contado, pero aún tenía que encontrar la forma de hacerlo.

Fue entonces cucando comprendí cuál debía ser el verdadero sentido de la novela. No pretendía resolver el caso, sino comprender el impacto humano que provoca una ausencia sin respuesta.


4.    ¿Por qué el título Destino…Cancún?

Cancún es un lugar real de la novela. La historia comienza con una  desaparición ocurrida durante un viaje a ese destino, por lo que el título responde, en primer lugar, a un hecho concreto.

 En un principio había pensado en otro signo de puntuación, pero me sugirieron utilizar los puntos suspensivos. Acabé aceptándolos porque introducen una pequeña pausa e invitan al lector a detenerse un instante antes de continuar.

 No pretendía escribir una novela sobre el destino entendido como una fuerza misteriosa o una idea filosófica. El protagonista llega a Cancún por puro azar. Si los puntos suspensivos acaban evocando la idea de que una decisión casual puede cambiar una vida entera, esa es una interpretación posible. Mi intención principal era llevar al lector al lugar real donde comienza la historia.

 

5.    ¿Qué hace que esta historia merezca ser contada?

Lo que me interesaba ya no era la desaparición en sí, sino la huella que deja en quienes continúan viviendo. Una ausencia sin respuestas modifica las relaciones familiares, la memoria, la forma de mirar el pasado e incluso la identidad de quienes la sufren.

Creo que esa dimensión humana es la que puede interesar al lector más allá de los hechos concretos en los que se inspira la novela.

 

6.    Y sobre todo ¿qué quería que sintiese el lector al cerrar el libro?

Quería que el lector se identificase con la voz de la protagonista, que sintiese que estaba acompañándola en su búsqueda desde la primera página hasta la última.

Pero, más que encontrar una respuesta definitiva sobre la desaparición, me interesaba que el lector comprendiese su necesidad de saber, de reconstruir la memoria de su padre y de no resignarse al olvido.

Esta es una novela sobre la necesidad de comprender. La desaparición es el punto de partida, pero lo que sostiene el libro es la voz de esa chica que se niega a aceptar el vacío sin respuestas.

 

 

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ENTREVISTA A MARÍA ELISA GONZÁLEZ-MORO

  María Elisa González-Moro Zincke,   (A Coruña, 1947), es maestra, licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Santiago de Com...